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La Catredal Atrav­es­ada de Vélez

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LA CAT­E­DRAL ATRAV­ES­ADA DE VÉLEZ

Catedral-de-Vélez

Vélez, una de las ciu­dades más antiguas del Nuevo Reino de Granada, tenía muchas razones para el incon­formismo. Su extenso ter­ri­to­rio se había ido recor­tando en dis­putas: primero con Pam­plona, por el Valle de los Cara­coles en donde sur­giría Bucara­manga; luego con Tunja, por var­ios de los pueb­los que hoy hacen parte de Boy­acá, y después con el Socorro, que reclam­aba las pre­rrog­a­ti­vas de cap­i­tal de la provincia.

La fun­dación de la ciu­dad de Vélez había sido orde­nada 200 años atrás por Gon­zalo Jiménez de Que­sada, quien incluso le asignó el nom­bre. Que­sada encargó la tarea a Martín Galeano, uno de sus más fieles sub­al­ter­nos. Debía desan­dar los pasos que los lle­varon desde el río Mag­dalena, pasando por las sel­vas del Opón y del Carare, hasta el alti­plano de los muis­cas, y escoger a mitad del camino un sitio apto, que sirviera de escala en los recor­ri­dos que harían los futuros pobladores de la cap­i­tal del Nuevo Reino.
Martín Galeano selec­cionó una llanada en tier­ras del cacique Chipatá, no muy lejos del río Suárez, bau­ti­zado así –entre otras– en hom­e­naje a un caballo de Gonzálo Suárez Rendón que fue arrastrado por sus aguas. Sólo unos días después de la fun­dación de Vélez, ese mismo Suárez Rendón, tam­bién instru­ido por Jiménez de Que­sada, estaría fun­dando la ciu­dad de Tunja.

La-catedral-atrevesada-de-VélezEl sitio orig­i­nal de Vélez no resultó ade­cuado, y unos meses más tarde fue nece­sario trasladarlo al lugar actual, al otro lado del río Suárez. Allí encon­traron buen clima, tierra fér­til, buena agua y hasta una linda vista. Lo que sí les faltó fue el espa­cio apropi­ado para el tem­plo que un día lle­garía a ser catedral.

Es por eso que, cuando la capilla orig­i­nal de techo de paja se quedó pequeña, los veleños se vieron oblig­a­dos a decidir entre hacer una igle­sia incli­nada, con su frente hacia la plaza, o hac­erla atrav­es­ada, con su gran galería cen­tral para­lela a uno de los costa­dos del par­que prin­ci­pal. Esta fue la opción elegida.

Con la aper­tura del camino de Honda, que se con­vir­tió enseguida en la prin­ci­pal vía de acceso a Bogotá, Vélez y las rutas del Carare y el Opón sufrieron un duro golpe. Los via­jeros de Tunja a veces opt­a­ban por esta ruta, así como pasa­ban por acá quienes quisieran lle­gar a la lejana Pam­plona. Pero casi nadie más.

Desde muy tem­prano, la provin­cia de Vélez hizo de la guayaba y de la caña de azú­car sus cul­tivos más rep­re­sen­ta­tivos. En mil, cal­cu­lan los his­to­ri­adores el número de trapiches en toda la provin­cia cuando ocur­rió la visita del cor­regi­dor Machín Barrera.

La igle­sia, hoy cat­e­dral de Vélez, es difer­ente a la de otros munici­p­ios: no tiene su frente hacia la plaza prin­ci­pal, sino que cre­ció para­lela a esta porque la incli­nación del ter­reno no per­mitía hacer lo tradicional”.